no ano que passou, gelman escreveu no página 12 o que pensava do diário argentino. guardei algumas frases:
La Nación y Página/12 son, a mi juicio, los diarios mejor escritos del país, pero hablan desde lugares muy distintos. El primero responde a los intereses fundamentalistas de la globalización, el último a los intereses de quienes la padecen. Ambos atienden a verdades contrarias y ninguno de los dos es objetivo. Claro que la verdad del poderoso no es la verdad del despojado. Me alegra infinitamente entonces que nuestro diario no sea objetivo: una sociedad que reproduce la pobreza y la miseria agranda el rostro más descarnado de la realidad.
La verdad del marginado no es la verdad del marginador.
(...) sin memoria, el presente se convierte en un simple pasar muerto sin cambio posible, sin renacer posible, sin futuro posible. La memoria individual es algo más que recuerdo: es conciencia de las propias raíces, conciencia de sí mismo. No otra cosa ocurre con la memoria cívica: una sociedad que se olvida está condenada a la ignorancia de sí misma, a repetir errores, a vivir el presente como pasado vuelto a suceder.
(...) la memoria ciudadana está fragmentada en millones de pedazos y cada fragmento palpita todavía. Es como un secreto compartido divididamente que Página/12 ayuda a hablar, a juntarse, a pasar de conciencia opaca a conciencia libre en claridad.
Los atenienses del siglo V antes de Cristo obligaban a sus ciudadanos a jurar que olvidarían los males de una dictadura. No hay ley de punto final ni ley de obediencia debida que lo obtenga en Argentina. Y menos mientras exista Página/12. Ese registro de los tiempos, ese lujo, que dijera Fito Páez.
La Nación y Página/12 son, a mi juicio, los diarios mejor escritos del país, pero hablan desde lugares muy distintos. El primero responde a los intereses fundamentalistas de la globalización, el último a los intereses de quienes la padecen. Ambos atienden a verdades contrarias y ninguno de los dos es objetivo. Claro que la verdad del poderoso no es la verdad del despojado. Me alegra infinitamente entonces que nuestro diario no sea objetivo: una sociedad que reproduce la pobreza y la miseria agranda el rostro más descarnado de la realidad.
La verdad del marginado no es la verdad del marginador.
(...) sin memoria, el presente se convierte en un simple pasar muerto sin cambio posible, sin renacer posible, sin futuro posible. La memoria individual es algo más que recuerdo: es conciencia de las propias raíces, conciencia de sí mismo. No otra cosa ocurre con la memoria cívica: una sociedad que se olvida está condenada a la ignorancia de sí misma, a repetir errores, a vivir el presente como pasado vuelto a suceder.
(...) la memoria ciudadana está fragmentada en millones de pedazos y cada fragmento palpita todavía. Es como un secreto compartido divididamente que Página/12 ayuda a hablar, a juntarse, a pasar de conciencia opaca a conciencia libre en claridad.
Los atenienses del siglo V antes de Cristo obligaban a sus ciudadanos a jurar que olvidarían los males de una dictadura. No hay ley de punto final ni ley de obediencia debida que lo obtenga en Argentina. Y menos mientras exista Página/12. Ese registro de los tiempos, ese lujo, que dijera Fito Páez.
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